Para esta semana, tengo un serio propósito. No tiene que ver con dietas, programas de ejercicios ni de estudios; tampoco un nuevo empleo ni proyecto profesional. Mi agenda es respetar a mi semejante independientemente de circunstancias o diferencias.
El objetivo implica evitar dejarme arrastrar por primeras impresiones y, en cambio, procurar profundizar en la historia personal del otro: luchas, perspectivas, para entender motivaciones y comportamientos.
El respeto es la esencia de la aceptación y tolerancia que identifica el nivel de civilidad de toda sociedad.
Sin respeto ni siquiera el amor funciona, pues se torna absorbente, descalificador y desconocedor de la individualidad ajena. Una cotidianidad menos estresante puede construirse propugnando por el respeto y cultivándolo.
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