Conmociona que la figura del matón a sueldo sea una cruda realidad en nuestra sociedad, por efecto de la penetración en el país del narcotráfico y otras formas del crimen internacional.
Nos sonaban como propios de la violencia colombiana o de las películas de gangsters; pero los sicarios están aquí.
El sicariato es temible reflejo del poder criminal y su capacidad para operar en impunidad. El joven ingeniero Wilson Amparo murió por obra de un sicario “despistado”; al presente en cada uno de los dominicanos se acrecientan la inseguridad y la indignación sobre qué más nos toca por ver y padecer. ¿Jueces, periodistas, ciudadanos de a pie? Todos estamos expuestos a convertirnos en víctimas.
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Comentarios (1)
Creo que es el moento de pararle.