La dinámica nacional sí que da motivos para insatisfacciones estos días: calor, tránsito, apagones, desempleo, servicios públicos caros y de cuestionable calidad. Parqueadores, limpiavidrios, delincuentes. Pero nada más improductivo que aquellas personas que no paran de quejarse por todo y por todos, en la vida laboral y social.
Hay que huir de la influencia de quienes hacen de la queja su religión; una cosa es criticar en ánimo de ventilar soluciones, otra muy diferente cultivar una actitud de permanente martirologio. Esa ocultaría inseguridades o ineptitudes.
Quienes más se quejan generalmente son también los más propensos a atribuir culpabilidades a personas o circunstancias en vez de ocuparse de aportar algo positivo.
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