Si me piden explicación, no la tengo. Reconozco que la situación parece cosa de locos, eminentemente surrealista. Real, empero. En los últimos años con cada verano se verifica un marcado deterioro en la calidad de vida dominicana.
El estío dominicano trae no sólo más calor sino la tradicional intensificación de los apagones; las siempre aumentadas matrículas de los colegios privados; las pérdidas humanas o materiales debido a uno u otro fenómeno atmosférico propio de la temporada ciclónica; las protestas en barrios de la capital o localidades del interior cansada la gente de aguantar todo lo anterior y, en años electorales como éste, la resaca de las finanzas públicas que impide enfrentar los problemas nacionales de antes, durante y después del verano.
Al paso que vamos ni siquiera los estudiantes y profesores, beneficiarios por excelencia del período vacacional, celebrarán la llegada del verano, salvo que dispongan de medios para ausentarse del país.
Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla
Comentarios (0)