Pregunta cada vez más común en establecimientos comerciales de países extranjeros: ¿Quiere una bolsa? Al pagar su compra el consumidor debe indicar su opción; si la respuesta es afirmativa pudiera incluso afrontar un cargo mínimo por la funda.
Pero lo que podría confundirse con abuso o mal servicio responde a políticas de preservación ambiental.
Las bolsas de plástico son altamente contaminantes, una trampa ecológica que podemos contribuir a combatir restringiendo su uso.
A nivel industrial alternativas como sustituirlas por fundas de papel o de plástico reciclable, lo que ya hace en el país una importante cadena de supermercados, son de impacto muy positivo.
Es deseable que cuando las características de nuestra compra lo permitan –si se trata de unos pocos artículos preempacados o quizás libros o revistas– nuestro comercio haga costumbre formular la interrogante: ¿Quiere una funda? ¡No! Nuestra respuesta como regalo al planeta.
Comentarios (0)