Que los agentes de la Autoridad Metropolitana de Transporte sean parte del problema del tránsito y no de su solución, es otra lastimosa manifestación de nuestras debilidades institucionales.
Todos recordamos las expectativas que motivó la fundación de la Amet durante la primera administración del PLD. La entidad aportaría la “sangre nueva” en materia estratégica y de recursos humanos para ser la alternativa frente a la entonces muy desacreditada dirección de tránsito de la Policía.
En su tiempo de estreno, los agentes cumplían sus funciones con apreciable calidad, como podía esperarse de un cuerpo formado con disciplina y compromiso, mejores criterios salariales y rigurosidad técnica.
Pasado el tiempo aquella imagen recia de los oficiales de tránsito se fue relajando hasta desaparecer. A favor de la Amet hay que tomar en cuenta que este caso no puede verse aislado, es reflejo del deterioro general de la sociedad dominicana y la administración estatal.
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