Me encontré con el término en una obra que aborda el tema del carisma personal. Definida por el autor como “la habilidad de hacer una pausa y evitar reaccionar de manera inmediata”, es un “concepto” que reivindica el valor de contar hasta diez, tomarnos un tiempito para respirar y evitar conducirnos de manera irreflexiva ante inconvenientes reales o aparentes.
La personalidad explosiva es individual y socialmente improductiva.
Si bien en nuestra sociedad a veces pareciera que los temperamentos “volaos” o las bocas “sucias” son los justos para lograr hacerse respetar, lo humanamente provechoso es la práctica del autocontrol.
Muchas discusiones e indisposiciones se evitan si una de las partes se “baja”, para pelear hacen falta dos. Además, cuando actuamos emocionalmente dirigidos podemos hacer o decir cosas de las que luego nos arrepentiremos. Mientras, las heridas u ofensas que surgen de esa clase de situaciones son difíciles de subsanar.
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