Me pasa con frecuencia al leer nuestra prensa. No se hace necesario adentrarme en el cuerpo del artículo, vistos el título y la firma y es suficiente para presuponer el contenido del texto, conocida la posición partidaria del autor. –Nótese que uso la palabra partidaria, no política, que no es lo mismo–.
Penosa situación la que acusa gran parte de nuestro periodismo de opinión. El sesgo partidario predomina y afecta su credibilidad y calidad. Hay quien diría que la situación no es exclusiva al periodismo de opinión, sino que se manifiesta también en el género informativo en determinados casos.
Si los llamados a analizar la realidad nacional lo hacen exclusivamente a través de ideas preconcebidas al fragor de su simpatía partidaria, imposible aproximarnos a la verdad ni aportar para contribuir a forjar una opinión pública bien edificada y focalizada en los problemas que verdaderamente competen al interés general.
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