“Trujillo, mi padre”, obra de la autoría de María de los Ángeles Trujillo Martínez, hija del dictador Rafael Leonidas Trujillo (1930-1961), ha corrido la suerte obligada y sucumbido al cedazo de la opinión pública.
Tras los juicios de historiadores, escritores e investigadores así como de sobrevivientes del trujillato y de familiares de los ajusticiadores, a estas alturas nadie ha de abrigar duda sobre las intenciones de distorsión histórica venidas con la publicación.
Ha tenido lugar un auspicioso ejercicio de libre discusión de las ideas y al momento el libro está desacreditado, en general reconocido como un intento fallido de falsear realidades.
A los entendidos la obra no les merece la más mínima credibilidad; el público común la desestima como lectura ante su evidente desprestigio. En la cuestión ha ganado la democracia y queda reafirmado que los enemigos de la democracia se contrarrestan con más democracia, no con menos.
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