El “hecho noticioso” gran parte de las veces no es un hecho acontecido sino una declaración de una fuente. Dado por sentado que el emisor (quien o quienes producen el mensaje) siempre persigue alguna intención frente al receptor (quien o quienes reciben el mensaje), es axiomático o, dicho en buen dominicano, “se cae de la mata” que toda fuente es interesada.
Consecuentemente detrás de toda información llegada a un medio a través de fuentes existe uno u otro interés, una dirección que en unos casos está declarada o sobreentendida; en otros, oculta.
Por eso es connatural al buen periodismo actuar con neutralidad e imparcialidad frente a las fuentes y a partir de ese principio, procurar los periodistas confirmar a profundidad la veracidad o conformidad de lo que se le ha dicho con la realidad, máxime cuando la fuente no será públicamente identificada o aún entendiéndola el medio como “confiable”.
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