La cuantificación de los niveles de abstención por la misión de observadores de la OEA (65%), confirma lo que saltaba a la vista el domingo. Muchos más ciudadanos que lo técnicamente pre-estimado no acudieron a las urnas.
Las elecciones se desarrollaron con una abstención alta aun tratándose de un proceso de medio término.
¿Por qué sólo votó un 35% de los convocados a la cita para escoger las autoridades congresuales y municipales 2010-2016? ¿Apatía del electorado o su castigo al sistema? ¿Caló la proclama del “ninguno”? El consiguiente análisis de sociólogos u otros cuentistas sociales se ocupará de las respuestas a esas interrogantes.
Empero, aun las contextualizaciones más certeras no pasarán de ser nociones aproximativas, pues nuestro sistema electoral carece del mecanismo que aporte la fuente informativa necesaria para determinar si variables no demográficas inciden en la abstención y lograr al través una mejor interpretación político-social del fenómeno.
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