Tan ruidosa y bullanguera como manda la tradición, la actual campaña proselitista. A muchos nos gustaría que el proselitismo preelectoral nacional evolucionara al estadio de prescindir de las ruidosas disco lights, peynadoras o cualquier otro perturbador ambiental, pero hay que reconocer que su uso está conforme con el espíritu alegre y festivo típico de nuestro pueblo.
Para los dominicanos la política es una fiesta a la que se asiste con pasión. Puede significar la caravana el gran entretenimiento del día en comunidades apartadas del territorio nacional.
La población en general se ocupa de sacar provecho de la mano suelta de los candidatos y se hace gustosa del trago de ron o el plato de sancocho que abundan regalados. Grato y pintoresco folklore.
Más allá de éste, la actual campaña da buen motivo para regocijarnos: De llegar a la meta sin innominados “muertos de campaña”, ninguna razón mejor para congratularnos.
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