Cualquier actividad profesional ejercida con rigor y seriedad siempre entraña riesgos, sobre todo cuando de algún modo colide con determinados intereses.
Es obvio que esos peligros son mayores, en algunos casos de alcances letales, cuando afectan la corrupción, las mafias, el narcotráfico, el lavado de dinero y otras modalidades utilizadas por el crimen organizado.
En el país basta recordar el caso del periodista Juan Andújar, asesinado por su postura valiente y de denuncia a los traficantes de drogas en Azua.
El periodismo crítico provoca escozor; y como se ha visto en la trágica situación que vive el periodismo mexicano, los narcos aplican de forma cruel y sanguinaria su maquinaria de muerte cuando no logran acallar o comprar el silencio de los medios de comunicación.
Aquí no tenemos ese nivel de peligro, pero debemos estar alertas y dispuestos siempre a defender los valores en que se sustenta la sociedad.
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