El cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez tiene otro gran motivo de indignación, como parte de un interminable repertorio de extravíos y desvaríos que ponen de manifiesto la degradación moral y la fragilidad de nuestras instituciones en diferentes áreas.
Y no es para menos porque, ¿cómo se puede explicar y mucho menos justificar, que un individuo que en el 2005 fuera ingresado a la cárcel con relación a la muerte de varias personas y por haber dirigido una banda que aterrorizaba el sector de Guachupita, lograra primero salir de la cárcel, luego de que se le negara un pedido de indulto y después, como todo un increíble episodio de película, salir del país y dirigirse junto a otro sicario a la frontera mexicana? Sólo un sistema de corrupción que cada vez se generaliza más puede hacer posible semejante maniobra de impunidad. La indignación del Cardenal debe ponernos a pensar seriamente.
Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla
Comentarios (0)