Una grata conversación con un admirable ciudadano dominicano me motivó a conceder absoluta razón a hallazgos interesantes revelados en los últimos años, los que aseguran que dedicar parte de nuestro tiempo al servicio desinteresado a los demás retribuye en bienestar físico y emocional. “No me deprimo, Claudia, no me queda tiempo para eso”, expresó el contertuliano, eminente profesional, académico y humanista, pero sobre todo servidor idealista y comprometido.
De acuerdo a la ciencia, él, probablemente sin advertirlo mucho menos proponérselo, ha dado con la clave de la felicidad: dar con espíritu altruista y generoso.
Los beneficios del dar a la salud humana aparecen contundentes en más de quinientos estudios que demuestran que al servir al prójimo se destierran las emociones negativas que apuntalan el estrés, que a la vez desencadena infelicidad y dolencias. El círculo es virtuoso, nos sentimos bien al dar y así nos condicionamos a estar permanentemente.
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