Las actuaciones de la Junta Central Electoral frente al desorden de los partidos y sus postulaciones han puesto la nota de esperanza. Al forzar a las organizaciones partidarias a acogerse a la legalidad y con el llamado del presidente Julio César Castaños Guzmán a la suspensión temporal del barrilito, la institución alcanza una dimensión institucional trascendental a favor de la salud del sistema político.
Inmersas en la locura provocada por el periodo de seis años, esas agrupaciones no lucen conscientes del daño derivado de sus comportamientos ¿Sobre qué bases descansa nuestra democracia cuando los partidos acusan un deterioro humano, ético, ideológico y legal tan lastimoso como el últimamente expuesto ante la sociedad dominicana? La Junta ha cuidado salvar el atolladero y paralelamente reafirma que las muy difíciles ya próximas elecciones están en manos confiables.
El país agradece las “molestias” ocasionadas a las direcciones partidarias.
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