Piensa mejor quien reta sus preferencias. Mantenernos apegados a nuestras creencias sobre lo que nos gusta o disgusta, limita la mente. En materia de consumo, impide explorar opciones nuevas que podrían resultarnos mucho mejor en lo financiero o cualitativo.
Apuesto a que al igual que yo, muchos han tenido la experiencia de descubrir que nos gusta la carne o la bebida que se juraba despreciar, tras su ingestión a ciegas. Es más productivo estar dispuestos a averiguar qué realmente puede gustarnos y rechazar los encasillamientos.
La recomendación es particularmente útil cuando se trata de adquirir bienes o servicios que, en función de su costo, exigen mucha reflexión en la decisión de compra. No necesariamente el vino más caro es el más cautivador y eso puede aplicarse en general a todas las decisiones de compra. Siempre y cuando, claro está, se persiga consumir racionalmente. Además, explorar aporta disfrute o aprendizaje.
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