Diferencia citable entre el país dominicano y otros, nuestra tendencia a la indulgencia ante actuaciones individuales contrarias a lo socialmente aceptable.
Profesamos una visión proverbialmente acomodaticia y relativista cuando se trata de medir comportamientos personales, probablemente como otro reflejo de nuestras necesidades materiales seculares.
Parecemos no dimensionar que la conducta personal refleja a cada quien en sus valores y sentimientos y así llegamos a disculpar o restar trascendencia humana a actuaciones de figuras públicas o privadas que no admiten más que rechazo.
Aquí asombra que los devaneos de Tiger Woods hayan derrumbado la imagen del poderoso golfista. El rasgo determina también que no nos merezca mayor importancia que un político se manifieste verbalmente violento en su entorno íntimo o mienta, lo que en otras sociedades podría significarle el ostracismo. Es correcto perdonar a quien reconoce su error, pero nunca premiar si corresponde castigar.
Comentarios (0)