Está muy bien que cada quien defienda lo que entiende justo pero hay situaciones en que hay que cuidar que la emoción no nos afecte hasta el punto de impedirnos ver el bosque más allá del árbol.
El caso de la reciente remoción de generales. Lo relevante no es si un retiro u otro podrían considerarse inmerecidos en función de una buena hoja particular sino la promesa del inicio de un proceso de transformación de los cuerpos castrenses ya bastante dilatado.
Hacen bien los que han elevado su voz en defensa de oficiales amigos, las destituciones se han prestado para rumores y suspicacias que nadie golosearía, mucho menos quien se halle en paz con su conciencia. Pero estaríamos evaluando el cuadro desde una óptica muy reducida si no ponemos las cosas en adecuada dimensión: hermano, tu destitución me duele, pero la institucionalidad está primero.
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