El mejor 8 de marzo sería ninguno, de acuerdo. La celebración denota desigualdad en tanto no hay “día del hombre”. Pero una cosa es la utopía y otra la realidad de vulnerabilidad y discriminación que han padecido las mujeres históricamente, en el grueso de las sociedades humanas.
Que en el pasado o el presente féminas de condiciones extraordinarias superen las circunstancias que niegan el adecuado desarrollo a la mayoría de sus congéneres hasta convertirse en íconos o ejemplos inspiradores, no desmiente la existencia y el impacto de esas circunstancias.
Por eso, días como hoy así como toda política de discriminación positiva para impulsar el avance femenino –las cuotas políticas, verbigracia- están absolutamente justificados.
Las acciones de promoción femenina nunca serán favoritismos sino la justa respuesta de la sociedad ante la existencia objetivamente verificable de situaciones que perjudican el avance humano en función del género.
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