Aunque previsible y también comprensible, dada la secuela de sufrimientos que aun se padece por los horrores de la dictadura trujillista, el boicot que se hizo al acto de puesta en circulación del libro “Trujillo, mi padre”, fue un acto de torpeza, ya que fuera de la protesta en sí, que compartimos todos los que amamos la libertad y abominamos de las tiranías, en la práctica contribuirá a una mayor difusión de la obra en el país, pues la curiosidad y el morbo podría mover ahora a más compradores que quizás originalmente le pasarían por alto. Además, como señalara certeramente
El Caribe en un editorial, la víspera del acto, uno de los motivos fundamentales de decapitar a ese régimen sangriento, autor de las torturas y las acciones más bárbaras y siniestras, fue precisamente restaurar la libertad de expresión y difusión del pensamiento, conculcada por Trujillo y su tenebroso servicio de inteligencia militar.
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