Todo tiene un lado positivo. Las dificultades de los partidos para conformar sus listas de cara a cargos electivos para los próximos seis años, al menos evitaron que las organizaciones salieran a destiempo con la campaña.
Los procesos internos generaron ruido pues los competidores utilizaron el tiempo de luchar adentro para también hacer camino hacia fuera y promovieron sus figuras o aspiraciones por medios masivos como virtuales candidatos.
Pero es a partir del fin de semana pasado cuando efectivamente nuestros políticos “salieron a la calle”.
A mediados de marzo, formalizadas las alianzas, estaremos en el paroxismo del proselitismo.
Conforme nuestra práctica política, el período proselitista aparece inusualmente “breve” pero está felizmente en correspondencia con la ley, que establece la campaña por tres meses antes de la elección de mayo.
La JCE dejó abierta la campaña hace doce días y aunque de forma circunstancial y forzosa, al fin es regla cumplida.
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