Se apreciaría disonante que los obispos llamen al optimismo a la par que deploran los tantos males que padece el país: narcotráfico, debilidad institucional, ineptitud de los políticos, apagones, pobreza.
No, si se reconoce connatural a la doctrina cristiana mantener la fe y esperanza en Dios aun en las circunstancias más adversas.
El mensaje del Episcopado con motivo del 27 de Febrero refiere un panorama nacional en línea con la declaración del cardenal López Rodríguez de que en la sociedad dominicana prevalece el “tigueraje”, lo que no llama a mayores entusiasmos.
Sin embargo, en el texto la Iglesia fija una posición categórica de rechazo a los “intercambios de disparos”, lo que revigoriza su autoridad moral y la redimensiona como institución defensora de los derechos humanos.
Alentador que la jerarquía eclesiástica avance un paso en contra de argumentos maniqueos que pretenden justificar los fusilamientos como justa lucha anti delincuencia.
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