El sentimiento es contradictorio. ¿Reconocer lo positivo de la acción o cuestionar que se produce a dos meses de las elecciones? Circular por algunas de las principales avenidas del Distrito y encontrarse con que los filtrantes al fin son tapados por el Ayuntamiento, con sorprendente celeridad además, provoca emociones encontradas.
¿Es casualidad que la medida por tanto tiempo demandada coincida con la campaña por la alcaldía? ¿De tratarse de una intención dirigida a ganar votos, es eso reprochable? El punto da para controversia para rato.
Puede parecer lo máximo que una campaña proselitista se realice mediante verdaderas acciones de servicio colectivo en vez de apuntalar la demagogia o el clientelismo.
Mortifica, empero, que se pretenda burdamente obtener ganancia política coyuntural del mero cumplimiento del deber. En fin, obviando la filosofía, vistas las cosas del lado práctico, me regocijo de que ahora mi carro “para de sufrir”.
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