En 1972, con la Declaración de Estocolmo emanada de la conferencia auspiciada por la ONU en la capital sueca, empieza a definirse mundialmente el Derecho Internacional de Medio Ambiente.
Fueron sentadas las primeras pautas universales para la preservación general de los recursos naturales y fue establecido el PNUMA. Como resultado, naciones subdesarrolladas como la República Dominicana empezaron a adherirse a los lineamientos temáticos.
Preocupaba la incidencia de la pobreza en actividades de destrucción del medio natural, como la tala de árboles para obtener leña para cocinar.
Joaquín Balaguer asimiló las tendencias y aplicó la visión de Estado justa para evitar el pesaroso futuro ambiental que pudo sobrevenir de no ejecutarse la política de gas propano subsidiado y entrega de estufas a los dominicanos más pobres.
Sorprende agradablemente la continuidad de la estrategia, con sus matizaciones, por los sucesivos gobiernos. Promisoria muestra de calidad de gestión pública.
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