Mañana empieza a bajar el pico de las proclamas de idealización del amor que tienen lugar cada año previo al llamado Día de San Valentín.
El amor entre los humanos, a excepción del materno, está muy lejos de ser ese sentimiento sublime e inagotable que nos pinta el romanticismo.
Ni siquiera en los casos de parejas que se mantienen juntas toda una vida el amor es la razón real que motiva la unión, sino condicionamientos sociales o culturales, los hijos, apegos insanos, temores o inseguridad, aunque eso nunca se reconozca.
Tampoco es el amor la fuente plena de felicidad que la cultura quiere hacernos creer.
La relación afectiva humana conlleva alegría y sufrimiento porque la persona se va a manifestar en ella con defectos y debilidades, además de virtudes.
La ilusión romántica puede ser un buen entretenimiento pero es la visión realista al enamorarse la mejor herramienta para la felicidad.
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