Todo eran quejas entre la gente que acudió ese día temprano en busca del pollo congelado a veinticuatro pesos anunciado por el establecimiento en la prensa matutina.
El producto no aparecía y la afluencia reaccionaba molesta frente a las versiones que circulaban entre empleados de que “llegaba en cualquier momento”.
“Eso ellos lo hacen a cada rato”, decía una u otra enfurecida señora. En medio del descontento manifesté la pertinencia de acudir ante Pro Consumidor. “No hacen nada”, alguien respondió, postura absolutamente inadecuada aunque comprensible.
La actividad comercial mejorará en la medida en que los ciudadanos demanden servicio y calidad, de resignarse a la desconsideración ceden toda posibilidad de cambio.
Además, en lo particular a este caso no se hace justicia. Si hay una institución que actualmente demuestra confiabilidad y competencia esa es Pro Consumidor. Su misión se consolida con el concurso de consumidores decididos a empoderarse.
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