“No existo”, apostrofaba alguien tras responder “no” a la pregunta de si estaba en Facebook. Tampoco existo yo –añadí–, ni George Clooney, a propósito de que él declaró su renuencia a ser parte de la red social.
Resistirse a los paradigmas o las tendencias de la cultura masiva puede sonar a herejía pero quienes se niegan a hacer lo que en un momento histórico determinado todos hacen, impulsan el avance humano. Es prácticamente inevitable, empero, no ser arrastrados por la corriente en uno u otro momento.
El fenómeno Avatar, por ejemplo. Aunque la película es puro cine de entretenimiento, que no es precisamente mi favorito, asumí resignada que “tenía que verla”, por ser tema del que todos comentan y un film llamado a marcar una era en cuanto a tecnología y efectos especiales en el cine.
No verla era como aislarse al mundo y el sábado respondí sumisa al condicionamiento.
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Comentarios (1)
No me interesa, a pesar que cada dia recibo invitaciones a unirme a esta o aquella.