Acometía de nuevo la abominable pero ineludible tarea de llenado del tanque de gas propano.
Conducía en dirección a la envasadora y me encomendaba a Dios para no ser también víctima de fraude en el despacho del carburante, qué otro remedio cuando una de cada dos de las plantas de expendio estafa al comprador.
El fantasma del engaño asechará hasta tanto Proconsumidor concluya las acciones para detectar los timos conjuntamente con Digenor y sobre todo, el Estado evidencie firmeza para sancionar de manera ejemplar a los violadores de la ley además de actuar con sistematicidad.
Por falta de rigurosidad o limitaciones de medios se ejecutan operativos cuando se necesitan programas permanentes de control de calidad.
Las debilidades institucionales apuntalan las prácticas comerciales fraudulentas y por eso la desprotección del consumidor es cada vez mayor.
Sin constancia no se logra efectividad, seamos estrictos en la vigilancia.
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