Contrario a reducir la desigualdad social, la educación nacional más bien apuntalará la profunda brecha entre ricos y pobres que acusa la sociedad dominicana, a menos que la formación pública llegue a transformarse efectivamente.
A partir de las condiciones en que se desenvuelven los centros educativos del Estado es previsible que las mejores oportunidades de desarrollo estén del lado de los dominicanos educados en el sistema privado, pues éste supera al oficial al menos en cuanto a las horas de docencia, por seguro.
Colegios de clase media y alta impartieron clases normalmente el jueves y el viernes pasado, en contraste con el panorama de las escuelas del Estado.
Claro que en este caso las autoridades educativas están eximidas de culpa; hicieron un llamado expreso de retorno a las aulas que los padres dominicanos no atendieron.
El futuro, inmisericorde, pasará una elevada factura a nuestra inveterada indisciplina social.
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