La instigación sexual es alarmante en nuestra sociedad, y el género femenino es la principal víctima de esa cultura.
Desde la infancia, en hogares y escuelas, fomentamos con la mayor naturalidad los patrones que entronizan la condición de objeto sexual de la mujer.
La familia dominicana en general aprueba que niñas al bailar acusen sensualidad de movimiento que imita las adultas, también que persigan similar modelo al vestir.
Programas infantiles locales resaltan lastimosamente el rasgo, basta ver el vestuario o coreografías donde participan niñas para confirmarlo.
La instigación sexual está presente en representaciones artísticas escolares o bromas de payasos en fiestas infantiles.
Formamos para el machismo y el irrespeto a la mujer cual deporte nacional, valores negativos que contribuyen a apuntalar los embarazos en adolescentes o los altos niveles de violencia de género en el país.
Urge educar nuestros menores para concebir la sexualidad con trascendencia.
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