Cuando figuras de la dimensión de Luisito Martí se marchan hacia el reencuentro con el Infinito, al dolor de la pérdida entre quienes le amaron o admiraron se suma la frustración por una partida injusta a los ojos humanos.
Luisito aún tenía mucho para dar, era un espíritu productivo y creativo que de no haber sido abatido por la enfermedad hubiera persistido en el aporte de su inigualable talento por muchos años.
Sin embargo, más que en su duración, la existencia toma valor en su calidad, la que el gran artista dominicano cultivó por convicción.
Le faltó mucho por vivir pero vivió con propósito y por eso dejó huellas, lo que no depende de vivir hasta nonagenarios.
La permanencia en la tierra es una misión que sólo Dios conoce y termina cuando Él la entiende completa. Hasta siempre Balbuena, Casimiro y tantos otros, quedas eternizado en las sonrisas del pueblo.
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