Llega la realidad tras la pausa navideña, los problemas retan de nuevo.
La actitud optimista es la vía para evitar que las esperanzas y expectativas surgidas como parte del espíritu de alegría y renovación característico de la temporada lleguen a desvanecerse, arrastradas por circunstancias externas que aparentan desfavorables.
La vida sorprende gratamente a quienes crean las condiciones para ello, aquellos que mantienen la actitud y el ánimo firmes y no dudan en que habrán de recibir todo lo bueno que merecen, no como obra de la casualidad sino como el lógico resultado de su acción.
El optimismo nos mueve a la acción que nos pone en la senda de alcanzar los sueños; el pesimismo o el temor retrancan y hacen de círculo vicioso para la infelicidad.
Nuestra sonrisa llena de fe puede ser el arma más efectiva para ganar la batalla del vivir, a probarlo en 2010.
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