Brevísimo el espacio de esta columna para acometer con justicia la entrega obligada para un día como hoy: dar gracias.
Las primeras, a los apreciados lectores cuya agudeza, nivel de información y capacidad crítica motivan mi más absoluta reverencia y admiración.
Fuerte aliciente es que gente valiosa saque de su tiempo para enviar correos electrónicos sobre lo que escribes; vale la pena este oficio realmente no tan bueno cuando a través de él se consigue tan extraordinaria interacción.
Gracias a El Caribe por permitirme estar entre sus colaboradores cotidianos, un desafío diario para asegurar que este intento sea un ejercicio genuino de honestidad personal, simpleza y humanidad.
Gracias a mi difunta madre y al Estado dominicano, responsables de mi educación, la herramienta que me permite estar entre los privilegiados de esta tierra.
Mis deseos es que otros muchos dominicanos cuenten con la posibilidad de alcanzar esa suerte para 2010.
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