Los niveles de institucionalidad y transparencia equivalen a activos que refuerzan determinante el atractivo de los países para la captación de inversión extranjera de calidad y en general ser tomados en cuenta para actividades económicas de índole global que promueven desarrollo y progreso a naciones como la República Dominicana.
De manera que la corrupción en el Estado se torna un problema de repercusiones internas y externas, actualmente hemos retrocedido en el índice de percepción de la corrupción a nivel mundial, lo que nos urge a tomar acciones como sociedad para revertir el preocupante índice.
Más allá de funcionarios apoderándose de dineros del presupuesto nacional, la corrupción es un mal sistémico que empieza en el clientelismo que apoya la actividad política nacional, por eso, aunque el Gobierno central disponga la implementación de rigurosos controles para evitar la corrupción, sin la transformación de partidos y Congreso nunca habrá solución a profundidad.
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