Tras la muerte de Luis -Terror- Días y las amplias manifestaciones de duelo durante su funeral de cuatro días, se puede extraer una lección que debería ponernos a reflexionar un poco sobre ciertas actitudes incongruentes que ya conforman perfiles característicos en determinados sectores de la sociedad dominicana, aunque quizás no sean un rasgo exclusivo de nuestra gente.
Se da la penosa situación de que figuras de la talla de este genuino cultor de la cultura popular dominicana no siempre reciben en vida todos los testimonios de proyección y reconocimiento a que se hicieron merecedores.
Sin embargo, Luis era tan auténtico y no sujeto a los clásicos requerimientos de marketing y tan apasionado con su singular creación musical, nutrida por sus vivencias en campos, cañaverales y lugares populares, que probablemente ni siquiera haya reparado en esto, porque así son los seres excepcionales.
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