Nuestra capacidad para abordar las circunstancias externas depende de nosotros mismos y de cómo manejemos nuestro interior.
Generalmente se ve como natural la relación opuesta, es decir, que estemos mal o bien conforme marchen las circunstancias; un pernicioso error.
No es posible evitar en un cien por ciento la influencia del medio externo en nuestro ánimo pero los individuos cuya existencia mayormente es moldeada por lo que ocurre afuera de ellos son una especie de veleta llevada y traída por el viento y en esa condición muy propensos a la infelicidad o la insatisfacción.
Auto entrenarnos para forjar la fortaleza de carácter que nos permita sentirnos bien con nosotros mismos independientemente del panorama circunstancial, es la vía.
No se trata de pretender que pudiéramos ser autómatas o seres emocionalmente desvinculados del entorno sino de cultivar una actitud equilibrada frente a nuestra vida para nosotros controlarla y no ser controlados por ella.
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