Al cultivar adecuados espacios de comunicación con nuestros hijos adolescentes, los padres creamos el canal para prevenir conductas tan deletéreas como la afición consumista.
La permanente incitación al consumo a que están expuestos los jovencitos en nuestro medio puede provocarles una fuerte ansiedad por poseer bienes, descontrol que los progenitores pueden evitar mediante la orientación oportuna e incluso a partir del propio ejemplo de vida.
Cuando se trata de satisfacer los deseos de nuestros hijos comúnmente los padres tendemos a pecar de exceso; la competencia social o la aspiración porque los retoños tengan lo que no tuvimos nosotros, nos impulsa a una carrera desenfrenada por los medios que posibiliten realizar sus caprichos.
Pero lo que verdaderamente nos corresponde como formadores es promover otros intereses en los chicos, más allá de tener cosas, por ejemplo, el servicio a la comunidad o el ayudar a los demás voluntaria y desinteresadamente.
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