Lourdes de la Paz, dominicana, madre de cuatro hijos, licenciada en Bioanálisis y residente en Barahona, lucha por emplearse desde hace más de un año.
Sometió su CV a la ponderación de las autoridades del hospital público de esa ciudad pero no ha recibido respuesta.
Llama a la intermediación de la Primera Dama, Margarita Cedeño de Fernández, confiada en que mediante su solidaridad podría lograr que la dirección del centro de salud preste atención a su caso y la tome en cuenta para alguna vacante en el área de su especialización.
Lourdes no pide un favor sino la oportunidad de trabajar, derecho humano que el Estado está en la obligación de garantizarle.
Es víctima de la forma de violencia más injusta, la del desempleo; más dolorosa que la paliza física más extrema es la carencia de medios para criar dignamente a un hijo.
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