El llamado de Celso Marranzini a despolitizar el sector eléctrico debería ser prioridad para la dirigencia política, penosamente siempre parte de todo problema nacional y casi nunca de la solución.
La politización es mal de fondo contrario al avance, al punto que sólo cuando nos hemos dispuesto a superarla se han sentado condiciones para salir de uno u otro marasmo, la ley de Hidrocarburos es un caso citable.
Con la ley de Reforma de las Empresas Públicas, aprobaba por todos los partidos, se procuró similar objetivo pero en su aplicación el intento fracasó con los resultados por todos conocidos: la politización desacreditó la capitalización y dio paso a la contrarreforma, tanto galloloquismo hasta arriesgó la financiación internacional al sector.
La designación de Marranzini recupera la credibilidad externa e interna y si el país no valora y aprovecha la oportunidad, las posibilidades de acabar con los apagones se alejarán cada vez más.
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