Tras buscar afanosamente empleo sin éxito, se detuvo a reflexionar sobre alguna alternativa.
Recabó el consejo de expertos y descubrió que no conseguía trabajo por no ser lo suficientemente buena en el área en la que acostumbraba ocuparse; decidió que debía lograr trabajar en algo que realmente pudiera hacer con apreciable calidad.
Pasó revista a sus habilidades y cayó en cuenta de que había contribuido a unir a parejas amigas, al punto que en su círculo cercano le atribuían una intuición natural para la tarea.
Ni corta ni perezosa se dispuso a emprender un negocio de búsqueda de pareja, el proyecto marchó tan a pedir de boca que convirtió a la otrora desempleada en una empresaria próspera.
Atinado encauzar nuestra actividad productiva en lo que demostremos mejor aptitud; hoy más que nunca es inteligente estar abierto a admitir la real posibilidad de ganarse la vida mediante facetas nunca imaginadas.
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