Más allá de las reseñas relativas a la persecución del crimen por parte de la Dirección Nacional de Control de Drogas, los diarios dedican cada vez mayor espacio a recoger las preocupaciones de la sociedad con relación al auge del narcotráfico y su penetración en las instituciones, ya sea Fuerzas Armadas o partidos políticos.
La transformación de cobertura periodística puede ser apreciada como signo revelador de cuánto la poderosa actividad criminal amplifica su capacidad de daño, mientras el país carece de mecanismos efectivos para enfrentarla; nuestras agudas debilidades institucionales y materiales son caldo de cultivo para apuntalar su radio de influencia y poderío.
Nuestra posibilidad de salvación reside en el liderazgo político responsable que, emulando a Luis Carlos Galán, se conduzca dispuesto a decir lo que haya que decir, a denunciar a quien sea necesario denunciar, a poner la salud de la nación sobre la propia vida, si fuese necesario.
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