Fue gratificante cómo la angustia y ansiedad que percibía en mi hija en momentos en que realizaba tareas escolares se transformaron en sosiego y seguridad tan pronto le expresé con intención tranquilizadora que “equivocarse era lo más fácil en la vida”.
No fallar es humanamente imposible pero el error origina frustración personal, forjar un pensamiento flexible nos ayuda a convivir sin miedo al fracaso.
Temer equivocarnos provoca altos niveles de estrés y ansiedad, emociones que funcionan como un círculo vicioso en tanto erosionan nuestra capacidad para desarrollar hasta la mínima empresa con aceptable eficiencia.
Sin menosprecio del valor de actuar en forma responsable y descontado que cada quien debe comprometerse con su máximo esfuerzo, vale hacer conciencia en cuanto a la irracionalidad de toda forma de pensamiento que pueda llevarnos al extremo de medir nuestro valor en función del error, con lo que sólo conseguiremos afectar gravemente la autoestima.
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