El optimismo es muy promovido en esta época, conferencistas o libros puntualizan abundantemente en la importancia de cultivar una mentalidad positiva para lidiar con los desafíos cotidianos.
Ciertamente hay incluso evidencia científica en cuanto a los beneficios de la personalidad optimista pero también es pertinente preservar la dosis de realismo que nos permita tomar decisiones cuidando la prudencia, que hasta la crisis financiera mundial puede considerarse ejemplo de exceso de optimismo.
De manera que hay que evitar extremos y mejor educarnos en esquemas mentales verdaderamente sanos, aquellos que nos lleven a “pensar bien para sentirnos bien”, según el autor Walter Riso, quien enseña de forma sencilla cuáles son los patrones correctos.
Nuestros propios pensamientos pueden ser el principal obstáculo hacia nuestro bienestar pero sólo afirmar optimismo no es suficiente, se impone trabajar a conciencia para pensar con calidad y sobre esa base promover cambios sustanciosos en nuestras vidas.
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