El presidente Leonel Fernández se conduce mayormente enfocado en combatir la desesperanza, con exceso de optimismo opinan algunos pero es comprensible que el arte de gobernar implique afianzar ánimo y entusiasmo público, como parte de las necesarias estrategias para evitar que en la población se agriete la confianza y la fe en el futuro nacional.
Más que positiva intención, el siempre en alto ánimo presidencial es rasgo personal objetivamente productivo; la República Dominicana ha sido fuertemente golpeada por la crisis mundial desencadenada en 2008 pero dentro de la baja general la estabilidad macroeconómica prevalece, cerraremos 2009 sin decrecimiento y mejor, con un ligero crecimiento.
Hay que reconocer el manejo de la administración a esos efectos como también valorar que Fernández se empeña en buscar oportunidades de inversión y comercio para el país, su activismo internacional es una auspiciosa fortaleza en coyuntura de vacas flacas.
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