El derecho internacional y la diplomacia tradicionalmente se nutren de situaciones de hecho que crean precedente y posteriormente apoyan la doctrina.
En una esfera eminentemente jurídica, del caso que envuelve a Honduras y Brasil por la permanencia del presidente Manuel Zelaya en la sede diplomática brasileña en el país centroamericano, acaso podrían gestarse relaciones no vistas con anterioridad, que demanden ser analizadas por los estudiosos de la institucionalidad internacional.
Nos hallamos frente a un Estado (Brasil) que mantiene sede diplomática en un país cuyo gobierno (la administración de facto de Roberto Micheletti) no reconoce, que acoge como huésped al gobernante que sí reconoce (Zelaya) pero exige al gobierno no reconocido garantizar la inmunidad que las leyes internacionales consagran a favor de la representación brasileña, lo que implicaría la existencia de relación de gobierno a gobierno, improcedente en ausencia de la figura del reconocimiento; la incongruencia se presta para amplia interpretación.
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