El admirable éxito con que se desarrollan las numerosas presentaciones en vivo de cotizados artistas locales y extranjeros en el país, revela que cuando se trata de diversión a los dominicanos no nos arredra crisis alguna, la alegría simplemente no se negocia.
Matilde Howley, apreciada colega y amiga, me comentaba lo llamativo de que mientras no faltan las quejas por “lo dura que está la cosa”, las boletas para un show de Raymond Pozo y Miguel Céspedes pautado para hoy están ya virtualmente agotadas; peculiar combinación de pesimismo y proclividad al hedonismo caracteriza la dominicanidad.
La veneración por las fiestas es nuestra forma de desahogar las tribulaciones ante las limitaciones que el medio secularmente impone, rasgo que se manifiesta en todas las clases sociales con las matizaciones consiguientes; la incertidumbre frente al mañana provoca que fundamentalmente busquemos atender necesidades del presente, ya luego Dios dirá.
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