El viento del clientelismo que norma la praxis política criolla se llevó las aspiraciones planteadas con la separación de las elecciones en 1994.
Mientras los sueños de una representación legislativa y municipal más comprometida con el votante quedaron truncos, las elecciones de medio término originan preocupación ciudadana, a partir de las experiencias de 1998, 2002, 2006 y lo que se perfila para 2010.
Cada proceso ha dejado al país enfermo a nivel macroeconómico; empeñados los gobiernos de turno en ganar, los recursos del Estado son utilizados para apuntalar las candidaturas oficialistas en términos excesivos y contrarios a la institucionalidad.
De cara a que la próxima carrera será por seis años, la competencia apunta a lo inmisericorde y se acrecientan los temores de un gasto público que luego el país pague con inflación, tasas de interés altas o nuevos impuestos.
Crucial el dilema del Gobierno: gobernabilidad o estabilidad macroeconómica.
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