Nuestra cultura no destierra el esquema aquel de que “los hombres no lloran”; los varones son criados para reprimir las emociones, la sociedad tiende a poner bajo sospecha la masculinidad de quienes pudieran resistirse al condicionamiento por atreverse a lo que el autor Walter Riso llama “liberarse emocionalmente”.
Riso cuenta la anécdota de que fue el único entre su género en salir llorando del cine, conmovido por un melodrama; la “liberación emocional” le costó la cita.
Su compañera prefirió desaparecerse antes que ir junto a uno virilmente cuestionable.
“Gran parte de la sociedad masculina y femenina aún no está preparada para ver un hombre afectivamente liberado, esto lo saben muchos hombres y se niegan a cambiar”, sentencia el leído terapeuta.
En consecuencia, explica, no es raro que los hombres fallen en expresar afecto fuera de la relación sexual, su vía de escape, un frecuente motivo de queja femenina.
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