En el restaurante mientras cenaba junto a su esposo, la actitud de la pareja vecina llamaba la atención de mi amiga.
Aunque ocupaban una mesa para dos, servida con un bizcocho de corazón, rosas rojas y vino, lo que sugería alguna celebración especial, los desconocidos se conducían como más interesados en sus respectivos Blackberry que en la mutua compañía; con vista u oído fijos en el aparato, ella y él lucían absortos en el contacto con terceros pero ajenos a la persona sentada a su frente.
La era de la información desvaloriza la comunicación interpersonal hasta lo enfermizo; tras su trágica muerte en el Chalenger, de la maestra Christa Mcauliffe se destacó como rasgo de su muy humana personalidad la propensión a ignorar el correo electrónico y comunicarse directamente con compañeros y amigos, una muestra de que lo que debería ser natural y normal ya se percibe raro.
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